martes, 12 de noviembre de 2013

RETRORECUERDOS VOLUMEN 4 - THE NEWZEALAND STORY


RETRORECUERDOS VOL4:

THE NEWZEALAND STORY

 

The NewZealand Story, ¿Cómo comenzar a escribir un retrorecuerdo de semejante juego? Me encuentro desde hace unos minutos delante del teclado y se me hace harto difícil abordarlo. Solo me vienen a la cabeza dos palabras sumamente dispares: dificultad y adorable.

Veamos, seguro que cada uno de nosotros, jugadores veteranos o noveles, tenemos un juego que, por una cosa u otra, nos ha sido difícil terminarlo o directamente nunca hemos sido capaces de hacerlo, ¿verdad? Pues en mi caso ese juego es el colorido y preciosista juego del Kiwi, desarrollado y distribuido por la gran TAITO.

The NewZealand Story llegó a mi vida en forma de máquina arcade. En aquellos tiempos (yo contaría con unos 10-11 años) mis fines de semana y mi “paga” semanal iban dirigidas casi íntegramente a los salones recreativos de mi localidad. Aquella retribución semanal solía constar de unas 300-500 pesetas (ahora de repente me siento más viejo y cansado…), lo que a día de hoy no son más que 2-3 euros. Puede parecer poco, pero si pensamos que cada partida costaba 25 pesetas, pues el número de partidas era bastante decente (de 12 a 20 créditos para los que no tengas ganas de hacer matemática básica). En esta época, que debía ser aproximadamente el año 1989 aún no era común que cada partida costase más de una moneda de 25 pesetas. Dicho salón arcade (por aquel entonces llamados comúnmente recreativos) disponía de la nada desdeñable cantidad de 30-35 máquinas, un billar y un par de futbolines. Un día, recuerdo que mientras estábamos mirando como jugaban a alguna máquina contemporánea, llegó un nuevo arcade. Apagaron la que se llevaban y el propietario insertó, como casi siempre que traía una nueva, un buen número de créditos, invitándonos a probar el nuevo juego. Ávido de nuevas experiencias y me acerqué con curiosidad: The NewZealand Story rezaba en la pantalla de presentación. Cuando lo ví me pareció un juego realmente bonito, un juego que me marcó, y aún a día de hoy, mientras escribo este artículo, en mi mente suena su música… Fue mi perdición.



El juego nos contaba las aventuras de Tiki, lo que para mí era un pollo amarillo (con el tiempo supe que era un Kiwi) a través de Nueva Zelanda, cuya meta era rescatar a sus amigos de su captor, la morsa Wally. Todo esto estaría representado mediante unos dibujos coloridos y bonitos, con personajes y enemigos casi adorables. Y digo casi, porque ese juego era el infierno de los proyectiles, y cada uno de los enemigos tenía mejor puntería que el anterior.

La mecánica del juego no podía ser más sencilla, Tiki se movía de derecha a izquierda, con un scroll lateral, subiendo y bajando plataformas mediante el botón de salto. Dicho botón de salto también servía, previo “aporreo constante” del mismo, para hacer que nuestro héroe planeara. No estábamos indefensos, teníamos un disparo básico que constaba de unas flechas que, posteriormente, podíamos cambiar por otros, no siempre con mejores resultados, como podían ser las bombas (muy inútiles en la mayoría de los casos) o una suerte de rayo láser que atravesaba todo lo que pillaba. En casi todas las pantallas podíamos coger algún trasporte volador (globos de toda clase y forma) para acceder a zonas de otra forma inaccesibles. Los enemigos también eran bastante graciosos y bonitos (ositos, gatitos…) y si les pudieras quitar las armas les abrazaríais, pero realmente eran máquinas de exterminar Kiwis.



El juego estaba dividido en 5 niveles o zonas (todas ellas con los nombres reales del continente en las que están inspiradas), y cada uno de estos niveles en varios subniveles. En cada subnivel debíamos encontrar a uno de nuestros amigos y liberarlo de su jaula, dentro de un determinado límite de tiempo, ya que si excedíamos del tiempo establecido aparecía un demonio invencible que acabaría con una de nuestras preciadas vidas con solo acercarse a nosotros. Una de las características que hacían especial a este juego es que no era necesario hacer todas las pantallas en cada partida, sino que, precio conocimiento de donde se encontraban, podíamos abrir unos portales (en principio invisibles, que se hacían visibles disparándoles varias veces) que nos hacían avanzar varias pantallas adelante, incluso a veces saltándonos los encuentros con jefes finales de nivel. Estos jefes finales eran 4 (una ballena que te engullía, un pulpo que lanzaba murciélagos, una muñeca automática gigante y la misma ballena Wally). Para mi eran y son 3, ya que nunca llegué a este enemigo final. La dificultad era bastante alta, y yo era demasiado joven para tal desafío.

Debéis saber que lo de ser demasiado joven no es más que una excusa barata, pues a día de hoy Wally sigue sin haber mordido el polvo y nuestros amigos Kiwis sin ser vengados.

Me parece importante destacar que, si nuestro personaje moría dentro de unas premisas determinadas, el juego no terminaba, sino que accedíamos a modo de secreto a un nivel, que si éramos capaces de terminarlo, podíamos obtener un final feliz o revivir con una vida más, y de regalo avanzábamos unos cuantos niveles.

Con el tiempo me hice con la versión de NES, que contiene la misma diversión, con una dificultad más ajustada que el arcade, pero también bastante inferior técnicamente. La atesoro con auténtico cariño. Años más tarde adquirí una versión mucho más fiel al arcade, para PC-Engine (ésta maquina Japonsesa fue lanzada en occidente como TurboGraf y en el continente americano como TurboGraf-16), que es una auténtica maravilla. Ambas versiones son más que recomendables, y si veis alguna de estas de segunda mano a buen precio, no dudéis en adquirirla, seguro que no decepcionarán a los amantes de los juegos de plataformas.

¿Y ahora me preguntareis: entonces después de haber pasado tanto tiempo y siendo tan complicado es un juego recomendable? Indudablemente tengo que dar un rotundo SI. La mecánica y jugabilidad del título de TAITO no se resienten, siendo totalmente disfrutable a día de hoy, y creo que todo jugador de videojuegos que se precie de serlo debe, al menos una vez en la vida, recorrer el continente junto a Tiki para salvar a sus amigos. Otro cantar es que llegue a buen puerto. Desde aquí os deseo feliz viaje…

Hasta la próxima!

D.F @DavOfWar

No hay comentarios:

Publicar un comentario