miércoles, 30 de octubre de 2013

RETRORECUERDOS VOLUMEN 3: GAME & WATCH DONKEY KONG


RETRORECUERDOS VOL3:

GAME & WATCH (Donkey Kong)

 

Llega uno de los momentos que a todo jugador de la vieja escuela le gusta recordar, el momento de recordar lo que había antes de los ordenadores de 8 bits, una historia con sabor añejo.


Antes de que las consolas llegaran a nuestros hogares para ganar una batalla que fácilmente ganaron, existieron otras formas de jugar a videojuegos. Esa historia la cuenta el aquí presente, pero la escribieron otra clase de máquinas, las “maquinitas” LCD y el que para mi es su máximo exponente, las clásicas Game & Watch Multi Screen. Como dato diré que estas máquinas fueron desarrolladas por Nintendo, de la mano de Gunpei Yokoi. La primera vió la luz en 1980, llamada Oil Panic, y la última salió en 1989, siendo esta una versión de Zelda)

Durante mi infancia (8-9 años) los juegos en los recreos de la escuela eran muchos y variados. Podíamos estar jugando tanto al futbol como al baloncesto, al pilla-pilla (una suerte de corre-corre como un loco para tocar a otros) como al pañuelo. Como veis todos estos juegos tienen un componente común, no hay un solo chip o circuito en ellos. Pues eso cambió de un día para otro. Os mentiría si dijera quién, pero alguien un día como otro cualquiera apareció en el colegio con un cacharro electrónico. Era simple, pero increíblemente adictivo. Ese aparato fue el primero, pero pronto casi todos los chicos de mi edad tenían uno en su poder. Esas máquinas eran las llamadas LCD.



Estas máquinas, que rápidamente pasaron a ser uno de los juguetes más populares en esas fechas, compartían una estructura común; eran más o menos del tamaño de un Smartphone actual, disponían de una pantalla (donde se movían los componentes del juego durante la partida, o si no jugabas se mostraba la hora y una especie de demo), dos botones de movimiento (izquierda y derecha), un botón de Select y otro de Start. Podía haber ciertas variaciones en los botones dependiendo del juego, ya que los había de todos los tipos imaginables, futbol, baloncesto, tanques, carreras de coches, de recoger objetos que caen de la parte superior de la pantalla, naves, etc…

Durante años y debido a que sus precios no eran demasiado altos llegué a tener una colección bastante digna (que misteriosamente desapareció con los años y las mudanzas). Mi vida era feliz, al menos hasta que llegaron, lo que hoy podríamos llamar la next gen de las LCD´s.

 

En cuanto vi aquella máquina de doble pantalla, que podía cerrarse sobre si misma (esta máquina es la abuela de las GameBoy Advance SP, DS y 3DS de Nintendo) decidí que todos mis esfuerzos irían dirigidos a hacerme con una de ellas. Después de muchas horas de dar la tabarra, llorar, gemir, revolcarme desconsoladamente por los suelos, conseguí que durante un viaje a Andorra, mi madre, junto a una amiga de mis padres, compraran a medias la primera de mis Game & Watch. De esa máquina es de la que voy a hablar ahora.

Ni que decir tiene que por aquel entonces yo no conocía la versión arcade de Donkey Kong (Nintendo,1981) y aún no existía la versión doméstica para los microordenadores de la época de los 8 bits (adaptada por Ocean,1986).



La mecánica de esta máquina desarrollada por la gran N (NINTENDO, en 1982) no puede ser más simple, pero tampoco más adictiva. Manejando con el pulgar izquierdo una cruceta direccional y un botón de salto con el derecho, tomabas el papel del héroe de turno, un carpintero (años más tarde pasaría a ser llamado Mario Bros y cambiaría de profesión), que debía subir por unas rampas metálicas, saltando los bidones que te lanzaba el enemigo de turno (un mono enorme de bastante mal carácter y raptor de nuestra amada, que daba nombre al juego, Donkey Kong), teniendo cuidado para no golpearte en la cabeza en algunas ubicaciones con unas vigas de hierro móviles, para una vez llegado a la pantalla de arriba, activar una grúa, saltar al gancho que pende de ésta y conseguir de ese modo quitar una de las cuatro argollas que sujetaban la plataforma donde se encontraba nuestro enemigo. Una vez conseguida la hazaña el juego no acababa (de hecho nunca lo hacía), sino que el bucle empezaba de nuevo pero aumentado la velocidad en la que se desplazan todos los objetos de la partida, excepto nosotros. Una vez que habías conseguido salvar a la damisela en apuros cuatro o cinco veces, la dificultad se tornaba casi imposible, dando al traste con las vidas de las que disponíamos y acabando la partida.

Esa máquina (que aún conservo), le dio a este jugador de videojuegos unos momentos inolvidables, en los sitios más insospechados que podáis imaginar. El factor portátil y duradero de la máquina hacía que por muy torpe que fueras o por muchos golpes que la dieras, la máquina siguiera funcionando. Fue la primera de muchas, la que con más cariño guardé y la única que conservo. Como apunte comentar que a día de hoy tienen cierto valor en el mercado de segunda mano, y no es difícil ver algunas en buen estado superando los cientos de euros.

No temáis, no volveremos a tocar las máquinas LCD ni las que las sucedieron, la próxima vez os hablaré otro de mis juegos favoritos para microordenadores. 

Hasta la próxima!

D.F @DavOfWar

 

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