RETRORECUERDOS VOL3:
GAME & WATCH
(Donkey Kong)
Llega
uno de los momentos que a todo jugador de la vieja escuela le gusta recordar,
el momento de recordar lo que había antes de los ordenadores de 8 bits, una
historia con sabor añejo.
Antes de que las consolas llegaran a nuestros hogares para ganar una batalla que fácilmente ganaron, existieron otras formas de jugar a videojuegos. Esa historia la cuenta el aquí presente, pero la escribieron otra clase de máquinas, las “maquinitas” LCD y el que para mi es su máximo exponente, las clásicas Game & Watch Multi Screen. Como dato diré que estas máquinas fueron desarrolladas por Nintendo, de la mano de Gunpei Yokoi. La primera vió la luz en 1980, llamada Oil Panic, y la última salió en 1989, siendo esta una versión de Zelda)
Durante
mi infancia (8-9 años) los juegos en los recreos de la escuela eran muchos y
variados. Podíamos estar jugando tanto al futbol como al baloncesto, al
pilla-pilla (una suerte de corre-corre como un loco para tocar a otros) como al
pañuelo. Como veis todos estos juegos tienen un componente común, no hay un
solo chip o circuito en ellos. Pues eso cambió de un día para otro. Os mentiría
si dijera quién, pero alguien un día como otro cualquiera apareció en el
colegio con un cacharro electrónico. Era simple, pero increíblemente adictivo.
Ese aparato fue el primero, pero pronto casi todos los chicos de mi edad tenían
uno en su poder. Esas máquinas eran las llamadas LCD.
Estas máquinas, que rápidamente pasaron a ser uno de
los juguetes más populares en esas fechas, compartían una estructura común;
eran más o menos del tamaño de un Smartphone actual, disponían de una pantalla
(donde se movían los componentes del juego durante la partida, o si no jugabas
se mostraba la hora y una especie de demo), dos botones de movimiento
(izquierda y derecha), un botón de Select y otro de Start. Podía haber ciertas
variaciones en los botones dependiendo del juego, ya que los había de todos los
tipos imaginables, futbol, baloncesto, tanques, carreras de coches, de recoger
objetos que caen de la parte superior de la pantalla, naves, etc…
Durante años y debido a que sus precios no eran
demasiado altos llegué a tener una colección bastante digna (que
misteriosamente desapareció con los años y las mudanzas). Mi vida era feliz, al
menos hasta que llegaron, lo que hoy podríamos llamar la next gen de las LCD´s.
En cuanto vi aquella máquina de doble pantalla, que
podía cerrarse sobre si misma (esta máquina es la abuela de las GameBoy Advance
SP, DS y 3DS de Nintendo) decidí que todos mis esfuerzos irían dirigidos a
hacerme con una de ellas. Después de muchas horas de dar la tabarra, llorar,
gemir, revolcarme desconsoladamente por los suelos, conseguí que durante un
viaje a Andorra, mi madre, junto a una amiga de mis padres, compraran a medias
la primera de mis Game & Watch. De esa máquina es de la que voy a hablar ahora.
Ni que decir tiene que por aquel entonces yo no
conocía la versión arcade de Donkey Kong (Nintendo,1981) y aún no existía la
versión doméstica para los microordenadores de la época de los 8 bits (adaptada
por Ocean,1986).
La mecánica de esta máquina desarrollada por la gran
N (NINTENDO, en 1982) no puede ser más simple, pero tampoco más adictiva.
Manejando con el pulgar izquierdo una cruceta direccional y un botón de salto
con el derecho, tomabas el papel del héroe de turno, un carpintero (años más
tarde pasaría a ser llamado Mario Bros y cambiaría de profesión), que debía
subir por unas rampas metálicas, saltando los bidones que te lanzaba el enemigo
de turno (un mono enorme de bastante mal carácter y raptor de nuestra amada,
que daba nombre al juego, Donkey Kong), teniendo cuidado para no golpearte en
la cabeza en algunas ubicaciones con unas vigas de hierro móviles, para una vez
llegado a la pantalla de arriba, activar una grúa, saltar al gancho que pende
de ésta y conseguir de ese modo quitar una de las cuatro argollas que sujetaban
la plataforma donde se encontraba nuestro enemigo. Una vez conseguida la hazaña
el juego no acababa (de hecho nunca lo hacía), sino que el bucle empezaba de
nuevo pero aumentado la velocidad en la que se desplazan todos los objetos de
la partida, excepto nosotros. Una vez que habías conseguido salvar a la
damisela en apuros cuatro o cinco veces, la dificultad se tornaba casi
imposible, dando al traste con las vidas de las que disponíamos y acabando la
partida.
Esa máquina (que aún conservo), le dio a este
jugador de videojuegos unos momentos inolvidables, en los sitios más
insospechados que podáis imaginar. El factor portátil y duradero de la máquina
hacía que por muy torpe que fueras o por muchos golpes que la dieras, la
máquina siguiera funcionando. Fue la primera de muchas, la que con más cariño
guardé y la única que conservo. Como apunte comentar que a día de hoy tienen
cierto valor en el mercado de segunda mano, y no es difícil ver algunas en buen
estado superando los cientos de euros.
No temáis, no volveremos a tocar las máquinas LCD ni
las que las sucedieron, la próxima vez os hablaré otro de mis juegos favoritos
para microordenadores.
Hasta la próxima!
D.F @DavOfWar





