RETRORECUERDOS VOL4:
THE NEWZEALAND STORY
The
NewZealand Story, ¿Cómo comenzar a escribir un retrorecuerdo de semejante
juego? Me encuentro desde hace unos minutos delante del teclado y se me hace
harto difícil abordarlo. Solo me vienen a la cabeza dos palabras sumamente dispares:
dificultad y adorable.
Veamos,
seguro que cada uno de nosotros, jugadores veteranos o noveles, tenemos un
juego que, por una cosa u otra, nos ha sido difícil terminarlo o directamente
nunca hemos sido capaces de hacerlo, ¿verdad? Pues en mi caso ese juego es el
colorido y preciosista juego del Kiwi, desarrollado y distribuido por la gran
TAITO.
The
NewZealand Story llegó a mi vida en forma de máquina arcade. En aquellos tiempos
(yo contaría con unos 10-11 años) mis fines de semana y mi “paga” semanal iban
dirigidas casi íntegramente a los salones recreativos de mi localidad. Aquella
retribución semanal solía constar de unas 300-500 pesetas (ahora de repente me
siento más viejo y cansado…), lo que a día de hoy no son más que 2-3 euros.
Puede parecer poco, pero si pensamos que cada partida costaba 25 pesetas, pues
el número de partidas era bastante decente (de 12 a 20 créditos para los que no
tengas ganas de hacer matemática básica). En esta época, que debía ser
aproximadamente el año 1989 aún no era común que cada partida costase más de
una moneda de 25 pesetas. Dicho salón arcade (por aquel entonces llamados
comúnmente recreativos) disponía de la nada desdeñable cantidad de 30-35
máquinas, un billar y un par de futbolines. Un día, recuerdo que mientras estábamos
mirando como jugaban a alguna máquina contemporánea, llegó un nuevo arcade.
Apagaron la que se llevaban y el propietario insertó, como casi siempre que
traía una nueva, un buen número de créditos, invitándonos a probar el nuevo
juego. Ávido de nuevas experiencias y me acerqué con curiosidad: The NewZealand
Story rezaba en la pantalla de presentación. Cuando lo ví me pareció un juego
realmente bonito, un juego que me marcó, y aún a día de hoy, mientras escribo
este artículo, en mi mente suena su música… Fue mi perdición.
El
juego nos contaba las aventuras de Tiki, lo que para mí era un pollo amarillo
(con el tiempo supe que era un Kiwi) a través de Nueva Zelanda, cuya meta era rescatar
a sus amigos de su captor, la morsa Wally. Todo esto estaría representado
mediante unos dibujos coloridos y bonitos, con personajes y enemigos casi
adorables. Y digo casi, porque ese juego era el infierno de los proyectiles, y
cada uno de los enemigos tenía mejor puntería que el anterior.
La
mecánica del juego no podía ser más sencilla, Tiki se movía de derecha a
izquierda, con un scroll lateral, subiendo y bajando plataformas mediante el
botón de salto. Dicho botón de salto también servía, previo “aporreo constante”
del mismo, para hacer que nuestro héroe planeara. No estábamos indefensos,
teníamos un disparo básico que constaba de unas flechas que, posteriormente,
podíamos cambiar por otros, no siempre con mejores resultados, como podían ser
las bombas (muy inútiles en la mayoría de los casos) o una suerte de rayo láser
que atravesaba todo lo que pillaba. En casi todas las pantallas podíamos coger
algún trasporte volador (globos de toda clase y forma) para acceder a zonas de
otra forma inaccesibles. Los enemigos también eran bastante graciosos y bonitos
(ositos, gatitos…) y si les pudieras quitar las armas les abrazaríais, pero
realmente eran máquinas de exterminar Kiwis.
El
juego estaba dividido en 5 niveles o zonas (todas ellas con los nombres reales
del continente en las que están inspiradas), y cada uno de estos niveles en
varios subniveles. En cada subnivel debíamos encontrar a uno de nuestros amigos
y liberarlo de su jaula, dentro de un determinado límite de tiempo, ya que si
excedíamos del tiempo establecido aparecía un demonio invencible que acabaría
con una de nuestras preciadas vidas con solo acercarse a nosotros. Una de las
características que hacían especial a este juego es que no era necesario hacer
todas las pantallas en cada partida, sino que, precio conocimiento de donde se
encontraban, podíamos abrir unos portales (en principio invisibles, que se
hacían visibles disparándoles varias veces) que nos hacían avanzar varias pantallas
adelante, incluso a veces saltándonos los encuentros con jefes finales de
nivel. Estos jefes finales eran 4 (una ballena que te engullía, un pulpo que
lanzaba murciélagos, una muñeca automática gigante y la misma ballena Wally).
Para mi eran y son 3, ya que nunca llegué a este enemigo final. La dificultad
era bastante alta, y yo era demasiado joven para tal desafío.
Debéis
saber que lo de ser demasiado joven no es más que una excusa barata, pues a día
de hoy Wally sigue sin haber mordido el polvo y nuestros amigos Kiwis sin ser
vengados.
Me
parece importante destacar que, si nuestro personaje moría dentro de unas
premisas determinadas, el juego no terminaba, sino que accedíamos a modo de
secreto a un nivel, que si éramos capaces de terminarlo, podíamos obtener un
final feliz o revivir con una vida más, y de regalo avanzábamos unos cuantos
niveles.
Con el tiempo me hice con la versión de NES, que
contiene la misma diversión, con una dificultad más ajustada que el arcade,
pero también bastante inferior técnicamente. La atesoro con auténtico cariño. Años
más tarde adquirí una versión mucho más fiel al arcade, para PC-Engine (ésta
maquina Japonsesa fue lanzada en occidente como TurboGraf y en el continente
americano como TurboGraf-16), que es una auténtica maravilla. Ambas versiones
son más que recomendables, y si veis alguna de estas de segunda mano a buen
precio, no dudéis en adquirirla, seguro que no decepcionarán a los amantes de
los juegos de plataformas.
¿Y ahora me preguntareis: entonces después de haber
pasado tanto tiempo y siendo tan complicado es un juego recomendable?
Indudablemente tengo que dar un rotundo SI. La mecánica y jugabilidad del
título de TAITO no se resienten, siendo totalmente disfrutable a día de hoy, y
creo que todo jugador de videojuegos que se precie de serlo debe, al menos una
vez en la vida, recorrer el continente junto a Tiki para salvar a sus amigos.
Otro cantar es que llegue a buen puerto. Desde aquí os deseo feliz viaje…
Hasta la próxima!
D.F @DavOfWar
.jpg)






